miércoles, 20 de mayo de 2020

SANDRA GONZÁLEZ HERNÁNDEZ

Cuando Lázaro había recorrido media España con la cara destrozada y sin dientes, divisó a lo lejos una escena cuanto menos extraña. Conforme se iba acercando apreció a un hidalgo, espigado y blandengue, que parecía luchar contra un molino de viento. Mientras tanto un hombrecillo rechoncho y bajito gritaba histérico y trataba de detener la loca escena. Lázaro se acercó apresurado para ver qué pasaba. Al llegar bajo el molino, el hidalgo cesó en su lucha y fue hacia Lázaro y el gordito. Desaliñado y sin yelmo les contó alborotado cómo unos gigantes le atacaron y no tuvo más remedio que defenderse. Tras esto el hombre miró fijamente la monstruosa cara de Lázaro:
-¿Tú también te has encontrado a uno de estos por el camino?
-No, señor. Mi amo, una persona huraña y retorcida, me rompió en la cara un jarro de vino.
-¿Cómo ha sido eso?
-Mi amo solía poner junto a él un jarro de vino cuando comíamos y yo rápidamente lo cogía y le daba un par de tragos, pero aquello duró poco porque se dio cuenta que faltaba vino y ya nunca soltaba el jarro. Pero se me ocurrió que metiendo una paja de centeno en la boca del jarro podía beber sin que el ciego se diera cuenta. Aquello duró algún tiempo pero el ciego se dio cuenta de que le faltaba vino y desde entonces colocaba el jarro entre las piernas y lo tapaba con la mano. Así que decidí hacer un agujero en el culo del jarro y taparlo con cera. Entonces yo, fingiendo tener frío, me colocaba entre sus piernas a calentarme. El calor de la lumbre que teníamos derretía la cera y comenzaba a caerme el vino en la boca. Pero el ciego comenzó a palpar el jarro hasta que encontró el agujero, aunque disimuló como si no se hubiese enterado. Al día siguiente, estando yo entre sus piernas y disfrutando del vino, el ciego dejó caer el jarro en mi cara. He aquí la muestra de tal barbarie.
-¡Qué crueldad, chiquillo!
-Bueno, queden ustedes con Dios que yo tengo que seguir mi camino.

Lázaro continuó caminando hasta que llegó a un cementerio en las afueras de un pueblo. En el cementerio se encontró con un hombre que lloraba amargamente junto a una tumba. Lázaro, al acercarse, vio en la tumba el nombre de Inés, y entonces el hombre, alto y apuesto, se volvió hacia Lázaro dispuesto a contarle sus penas:
-¡Qué desgraciado soy! Acabo de regresar a mi pueblo y acabo de descubrir que ha muerto la mujer que amo. ¡Cuánto me arrepiento del daño que le he causado a ella y a su familia! ¡Cuánto mal he hecho en esta vida!
Lázaro no supo qué hacer y, dándole unas palmaditas en la espalda, se despidió. Cuando salía del cementerio, vio entrando a un grupo de mujeres con un ataúd donde ponía "Adela". Encabezando el grupo iba una mujer mayor de rostro serio y desafiante. Ésta se quedó mirando a Lázaro e inmediatamente giró la cabeza hacia las muchachas que la seguían y en voz baja y dominante les ordenó que no lloraran. Lázaro procuró que no lo vieran y las siguió hasta el panteón donde iban a enterrar a la tal Adela. Cuando hubieron terminado, una de las muchachas se percató de la presencia de Lázaro y se acercó para hablar con él.
-Hola, me llamo Martirio. Te he visto antes en la entrada del cementerio, ¿qué te trae por aquí? Yo he venido a enterrar a una de mis hermanas.
-Hola, yo soy Lázaro y no he venido a enterrar a nadie. Soy de tierras lejanas y vengo caminando. Me ha picado la curiosidad y he entrado al cementerio. Lo siento por tu hermana.¿Era joven? ¿Qué le ha pasado?
-Sí, era muy joven, pero el mal de amores nos la ha arrebatado. Por cierto, ¿qué te pasa en la cara?
-¡Aaayy! Cosas que pasan con un mal amo. Tengo que irme, debo seguir mi camino. Un placer hablar contigo, Martirio.
-Adiós. Yo también me voy, no se vaya a dar cuenta mi madre de mi ausencia.

Lázaro sigue caminando y poco a poco cae la noche. Se ha adentrado en el pueblo y pasea por sus calles observando enormes casas y cuidados jardines. De repente le llama la atención una enorme casa con una gran torre. Al acercarse ve una terrible escena, hay un hombre muerto en el suelo. Unos hombres y una mujer muy vieja y con pintas cuestionables forman alboroto y tratan de huir de allí. El pobre Lázaro, conmocionado e incrédulo, se queda a observar lo ocurrido tratando de encontrar una explicación, pero para su sorpresa lo que encuentra es otra desgracia. Sin falta de detalles puede ver cómo una muchacha se lanza desde la alta torre mientras grita: "¡Calisto! ¡Calisto!". En ese momento no aguanta más y sale corriendo tratando de olvidar la horrible situación. Corre por las calles sin parar, sin dar descanso a sus piernas hasta que se choca con la vieja mujer que había huido hacía un rato de la casa.
-¿Señora, me puede explicar algo de lo que estaba ocurriendo en aquella casa maldita?
-No ocurría nada extraño, hijo. Líos de amores sin más.
-¡Más líos de amores! ¡Esto es una locura! Llevo todo el día encontrándome con gente que ha muerto y ha sufrido por amor.
-No te asustes, muchachito, la vida es así. Me llaman Celestina y, si tienes por ahí alguna niña que te gusta, me lo puedes decir y te aseguro que por un buen precio la tienes en tus manos. ¿Qué me dices?
-¡Ni hablar! ¡Y yo que pensaba que lo mío era una desgracia! ¡Yo me quedo con mi amo aunque me rompa la cara! ¡No quiero amoríos de esos que quitan la vida!

Autora: Sandra González Hernández. 1º Bachillerato. Curso 2014-15 


1 comentario:

  1. Hola, Sandra, soy Gustavo, tu profesor culpable de este proyecto y, como no recuerdo si te felicité en su momento, quiero hacerlo ahora.
    Además de la idea, muy original, quiero destacar el ritmo con que has llevado la narración, el acierto del lenguaje, la perfecta caracterización de los personajes con detalles que sólo un lector muy atento puede percibir. Y, sobre todo, quiero resaltar cómo has conseguido enlazar los distintos episodios de cada obra aludida.
    No quiero extenderme pero destacaré las lamentaciones del "alto y apuesto" Don Juan Tenorio; el "rostro serio y desafiante" de Bernarda Alba ordenando a sus hijas, como en la obra original "que no lloraran"; la magistral intervención de Martirio; y lo coherente de la situación de "La Celestina" con Calisto recién fallecido, el suicidio de Melibea, y la propuesta final de Celestina a Lázaro que considero una auténtica genialidad. Sin olvidar el acierto de la conclusión final de Lázaro...
    ¡Enhorabuena, Sandra! Un sólo trabajo como este tuyo justifica sobradamente este proyecto y me siento muy afortunado de haber tenido alumnas como tú.

    Perdonadme el resto de los seleccionados que no haya hecho comentarios en cada una de las versiones pero no descarto la posibilidad de hacerlo más tarde porque, ahora, lo que me preocupa es publicarlas todas.

    Aprovecho también este primer comentario en el blog para animar a todos, sean alumnos o no, a que comenten lo que consideren oportuno en cada versión.

    ResponderEliminar